miércoles, 16 de abril de 2008

UN VAMPIRO EN EL TROPICO

¿A quién se le habrá ocurrido poner un vampiro en un cuento que ocurre en un país tropical? Los autores en ocasiones son tontos de remate o la imaginación les sube más alto que el globo de Matías Pérez. Por cierto, ese es otro personaje que ha sufrido bastante en la pluma de algunos. La última vez que lo vi andaba con extraterrestres.
Volviendo a mi problema, no gano para pagar psicólogos. Y está además lo de convencerlos para que me atiendan de noche. El primero se quedaba dormido siempre a las 10:00 p.m., justo cuando llegaba a la parte en que le contaba como mi autor me describía.
Al segundo cuando le decía que era el personaje de un cuento, se emocionaba y me hablaba de su obsesión. Se creía el príncipe que despertaba a Blancanieves. Vaya príncipe, la bruja se hubiera espantado de sólo verlo. Bajito, calvo, nariz prominente, los dientes le sobresalían como cinco centímetros de la boca y la barriga como metro y medio por delante del cuerpo. Con los espejuelos que usaba no es de dudar que confundiera a Blancanieves con uno de los siete enanitos.
El tercero me decía que mi trauma venía de la falta de juguetes en la infancia, y de las burlas de los demás niños por mis colmillos grandes. Incluso inventó apodos que decía me habían puesto mis compañeritos de aula. Si le explicaba que el autor del cuento donde yo aparezco me había creado ya adulto, se reía. Me quería hacer creer que había olvidado mi infancia por lo difícil. Después me enteré de sus intentos de convencer a Genaro de la inocencia de la mula en el delito de tumbarlo.
¿El cuarto? Bueno del cuarto no me acuerdo. Así fui pasando de psicólogo en psicólogo hasta que me aburrí de ellos. Claro lo peor no es eso. Lo malo del asunto es el calor. Aquí no hay quien se ponga frac y capa. Aparte de lo ridículo que se ve uno, las chifladuras de los jovencitos y las risas de cuanta persona me ve, está el calor. El verano pasado por poco me desmayo.
Hablando de verano, esa es otra que no soporto. Esos horarios en que anochece tan tarde. Si salgo antes de las 8:00 p.m. el Sol me achicharra. Amanece tan tarde que si me descuido los ómnibus se llenan de gente y no puedo atrapar ninguno a tiempo para llegar a mi ataúd.
Nada que mi autor no tiene ningún tipo de consideración conmigo. Los vampiros somos de parajes tenebrosos, con nubarrones oscuros, castillos horrendos y mucha oscuridad. Y mi autor nada más y nada menos quiere que vaya a la playa de día. ¡¡¡De Día!!! ¡¡¡HORROR!!! Quiere además que no me enamore de la muchacha del cuento y por último me pone a vivir en un apartamento moderno.
No hay respeto por el vampirismo. Apenas intente continuar el cuento le voy a chupar la tinta al bolígrafo para que quede inconc...